jueves, 18 de septiembre de 2008

LOS PREJUICIOS: UNA FORMA DE SENTIR

Teresa Valdes Betancourt *

"Reza un refrán popular “no me importa que me digas perra sino la perra forma en que me lo dices”.

Las costumbres del habla extendida otorgan especial importancia a la forma y al contenido en la comunicación interpersonal, donde se manifiestan las diferencias y conceptos a partir de por los cuales se fundamentan lo que hemos recibido de educación familiar, escolar y social. Contrastes sustanciales en la manera de percibir hechos similares que determinan percepciones diferentes entre unos y otras.

Lo que resulta importante en hechos y palabras para una mujer no es igual para otra mujer y menos para un hombre aunque sea el cónyuge, hermano, padre, amigo o compañero. Somos seres humanos heterogéneos exclusivos para desarrollar nuestro proyecto de vida si somos conscientes de tenerlos, es decir, las aspiraciones que deseamos alcanzar de acuerdo con la forma de existencia de cada cual.

Por nadie es ignorado que toda la sabiduría universal ha sido apresada y reproducida de manera excluyente a partir de la cultura de la masculinidad, como lógica consecuencia de que fueron los hombres varones quienes han determinado el valor de lo bueno y lo malo a través de palabras conceptuales de la realidad concreta y sensible en que vivimos.

La educación también es una forma de trasmitir esos pre-juicios sexistas. No lo escribo mal, solo argumento que cuando un niño o una niña recibe vocablos que norman la conducta a seguir, lo bueno, lo malo, lo justo lo injusto, lo decente, lo indecoroso, lo irreverente, está recibiendo también un juicio establecido por otras personas que proceden de diferentes circunstancias momentos, lugares, creencias, sin valorar la evolución lógica de la sociedad.

De ahí que en el siglo XXI con la perspectiva de género en el lenguaje estemos trabajando en la esfera ideológica cultural para erradicar prejuicios atrapados en esquemas y estereotipos acerca de la presencia femenina en la sociedad que ha evolucionado más allá de las palabras que las identifican.

Quedan en el imaginario popular pre-juicios ancestrales como: la mujer es más débil, la mujer no sabe gobernar, los hombres son los proveedores deben ganar más, la familia debe ser cuidada por la mujer, el hombre es de la calle, la mujer no opina en la toma de decisiones, ellas necesitan la protección masculina, etc., quienes comparten estas letras pueden aportar más elementos prácticos de pre-juicios devenidos en hechos discriminativos y de violencia contra las féminas.
Sin eliminar semejantes conceptos no podemos influir en los cambios de conducta social donde estamos incluidas ciertas mujeres ilustradas, que han bebido de la cultura de masculinidad apresada en los libros de todas las asignaturas universitarias.
La licenciada María de los Angeles Teo, filóloga, editora y redactora de revista, me aseguraba que la rígida norma vigente de la Academia de la Real Lengua Española no asume las nuevas definiciones para incorporar la presencia femenina en la sociedad y resulta muy complejo aplicar el lenguaje sin sexismo en los textos. Se hace necesario repensar nuestras expresiones verbales para enriquecerlas sin las cacofonías que tanto se critican en las y los.
La realidad es una: la mujer está presente y debe eliminarse esa invisibilidad en el lenguaje porque es injusta, agresiva, discriminativa y violenta.
Merecen una mención personas extraordinarias como Rosario Castellanos, embajadora, escritora, novelista y poeta de Chiapas; Frida Khalo pintora, poeta, revolucionaria irreverente; Sor Juana Inés de la Cruz o Juana de Asbaje, poeta, representante de las cultura mexicana de todos los tiempos; María Josefa Ortiz de Domínguez, revolucionaria precursora de la libertad mexicana; y Griselda Alvarez, maestra, escritora, primera mujer gobernadora de México en el estado de Colima. Ellas y otras muchas no se merecen el anonimato del silencio cuando se convoca a los mexicanos y se ignoran a las mexicanas por asuntos del lenguaje.
Son temas que adquieren una prominencia no solo cultural sino también política e ideológica, por tanto hay que tener en cuenta las palabras y las formas de hacer visibles la realidad, Es una verdad ontológica, la relación de las personas con el medio que le rodea: lo que no se nombra no se conoce, no existe . Las mujeres sí están presentes".
*Maestra en Ciencias de la Comunicaci�n.
www.leecolima.com.mx/teresa/

Fuente:ECOS DE LA COSTA S.A. DE C.V. Colima, México,