miércoles, 24 de septiembre de 2008

YO NO QUIERO QUE DANIEL ME REDIMA - NICARAGUA

Querid@s amig@s,

En estos días, cuando agrupaciones feministas en El Salvador han lanzado un Comunicado que rechaza la visita de Daniel Ortega, Presidente de Nicaragua, acusado de abusos sexuales contra su hijastra, consideramos oportuno compartirles la carta del compañero Rubén Reyes Jirón, nicaraguense, donde se aborda el tema desde la perspectiva de las masculinidades.

"Carta pública a Orlando Nuñez

Estimado Orlando:

Cuando salió a luz pública la denuncia en la cual Zoilamérica (Narváez) acusa a Daniel (Ortega) de haberla abusado sexualmente, yo me pregunté ‘cuál sería tu posición sobre este asunto. Sé que estás en una posición difícil. Por un lado, has compartido con nosotros, el Grupo de Hombres Contra la Violencia, nuestra visión de lucha por deshacemos del machismo y del macho que todos llevamos por dentro. Por otro lado, vos sos uno de los que le han apostado a la transformación del Frente desde adentro. Así que he estado expectante sobre cuál sería tu posición.

Cuando leí el artículo sobre la ética y el poder (a propósito de la denuncia hecha por Zoilaménca) que escribiste en la revista Envío, tu posición no me quedó clara. Estaba escrito en un lenguaje demasiado abstracto para mí. Así que con mucho interés leí tu opinión sobre el caso en la entrevista que le concediste recientemente a Oksana Estrada del semanario “Siete Días”. Esta vez hablaste más claro. Por fin creo tener algunas luces sobre tu opinión. Tu posición parece ser que si Daniel fuera juzgado sería un chivo expiatorio para el resto de nosotros, ya que todos hemos pecado. Si te entendí bien, también afirmás que en lugar de juzgar a Daniel deberíamos juzgar al sistema de relaciones entre hombres y mujeres. Estoy de acuerdo con vos en que tenemos que juzgar al sistema, pero con los otros puntos de tu posición yo disiento.

En esa entrevista vos decís: “Muchos machos y mucha gente quisieran que Daniel fuera el redentor; que su condena fuera como la condena de Jesucrito, que él redimiera nuestros pecados, que a él lo crucificaran y nosotros nos laváramos las manos”. No, Orlando, yo no quiero que Daniel me redima. Pues si Daniel cometió el abuso del cual se le acusa, eso me revela que no es ningún Cristo, sino un hombre de carne y hueso como el resto de nosotros. Un hombre que cedió ante las tentaciones del poder.

Por supuesto que yo tampoco estoy libre de todo pecado, pues al igual que muchos hombres he incurrido en abusos. Así que tampoco soy el indicado para tirar la primera piedra, pues mi pasado me dice que en mí hay un potencial para abusar. Lo sé porque de adolescente fantaseé mucho con abusar a niñas menores que yo. Y aunque me muera de vergüenza, tengo que confesar que abusé de una prima mía. Una prima que es para mi casi una hermana, pues crecimos juntos. Yo la espiaba mientras se bañaba y algunas veces la toqué dormida. Una noche ella me descubrió y me confrontó. Y aunque en ese momento inventé cualquier excusa para no aceptar responsabilidad sobre el hecho, ya no volví a hacerlo.

Pero como notarás hay una gran diferencia entre mi situación y la de Daniel, se llama PODER. Yo no era ninguna figura paterna para mi prima. Tampoco representaba a ningún hombre importante para la Revolución. Tampoco era el que le satisfacía sus necesidades materiales. Es más, ni siquiera tenía el poder de la mayor edad, pues mi prima y yo nos diferenciamos en edad por unos cuantos meses. El único mayor poder que yo tenía en comparación con ella fue el de ser hombre. Pero este poder ‘no le impidió a mi prima confrontarme. Me dijo: “Si lo volvés a hacer, ‘le voy a decir a mi mama que te corra de la casa”. Con eso tuve.

‘Es cierto que los hombres somos criados en una cultura machista que alimenta nuestras fantasías sexuales con imágenes de violación. Así que no es extraño que, como vos decís, “la mayoría de los maridos violan a sus mujeres de una u otra manera”. Es cierto que el abuso sexual es un tema que no hemos querido tocar públicamente debido a la doble moral de nuestra sociedad. Es cierto que tenemos que llevar al banquillo de los acusados al machismo y a la civilización por la larga historia de abuso Página 2 de 4 que han tenido que vivir niñas y niños. Pero que la mayor parte de los ‘hombres seamos abusadores o potenciales abusadores no significa que debamos absolver a Daniel.

‘Todos somos responsables del tipo de sociedad que hemos construido, pero de sus actos individuales es responsable cada quien. Necesitamos cambiar ‘la sociedad, pero también necesitamos cambiar los hombres individuales. Y para poder cambiar cada uno de nosotros, tenemos que dejar de culpar al sistema por todo lo que hacemos, y asumir responsabilidad por nuestros actos. No puedo negar que el machismo ejerce una fuerte influencia en nosotros, pero los seres humanos tenemos potestad sobre nuestras vidas. Si no, todos los hombres serían abusadores, y no lo son.

Ni siquiera los niños que han sido abusados alguna vez, se vuelven todos abusadores en su adultez -- eso es lo que dicen los estudios.

Así que no, Daniel no nos puede redimir a todos los hombres aunque quisiera él o aunque quisiéramos nosotros. Cada quien tiene que responder por sus propias faltas. No tenemos otra opción que emprender cada uno el camino de su propia redención. Creo que ya emprendí el camino hacia la mía. Después que mi prima me confrontó, pasé por un ‘período de sentimiento de culpa que me hizo renunciar a toda actividad y fantasía sexual. No pude tener novia o pareja hasta ya comenzando mi ‘edad adulta. Hace algunos años le pedí perdón a mi prima. Ella se hizo la que ya no se acordaba. Pero sé que el abuso es uno de los recuerdos ‘más feos que tiene de mí. A pesar de eso no me rechaza; al contrario, me ‘trata con cariño. Esto me hace sospechar que ya me perdonó. Pero yo sé ‘que en el fondo mi tía y mi prima desconfían de mí. Quizás nunca más ‘volveré a recuperar su confianza. Es algo que lamento, pero es parte del ‘precio que todavía tengo que pagar. Estoy consciente que la redención no es un “borrón y cuenta nueva” y que la confianza que me tenían sufrió un ‘daño irreparable.

‘Sé que la redención es un proceso que nunca termina. Tengo que actualizarla cada día con el compromiso de nunca más volver a abusar de nadie. Me redimo con mi compañera no presionándola a tener relaciones sexuales cuando ella no quiere. Me redimo con mi hermana comprometiéndome y cumpliendo con no invadir nunca su espacio privado. ‘Me redimo con mis compañeras de trabajo evitando hacerlas sentir incómodas con mi forma de mirar. En fin, me redimo cada día con cada ‘acto en el cual contradigo lo que me enseñó el machismo.

‘Si Daniel le hizo a Zoilamérica todas las cosas de las que ella lo acusa, eso se llama abuso sexual. Si es verdad, entonces Daniel tiene ‘una cuenta pendiente con Zollamérica y con la justicia. Si Daniel compensara el daño que hizo en justa manera, con eso no estaría más que ‘redimiéndose a sí mismo.

Siempre fraterno,

Rubén Reyes Jirón
Míembro del Grupo de Hombres Contra la Violencia
Managua, Nicaragua"