sábado, 31 de julio de 2010

Los machos se ven en la casa LA TERCERA CHILE

Ya no se trata de ser el sostenedor del hogar. Tampoco de autos lujosos o tomar mucha cerveza. El máximo signo de estatus de la masculinidad hoy es tener una familia. Sí, ser buen padre y buen marido. Eso, por sobre cualquier otra definición, es el símbolo máximo de lo que significa ser hombre, según una investigación de la consultora internacional Ipsos.


POR ANDREA PÉREZ MILLAS - 31/07/2010 - 09:00


Quizás las mujeres piensen que es algo que queda claro al nacer. Que la anatomía no engaña. Para ellas, un hombre es hombre desde el minuto en que nace; se lo viste de azul, aprende a jugar fútbol, odia a las niñas y luego ama a las mujeres. En ese orden. Pero tener el rótulo, para ellos, es sólo el principio. La asignación de una tarea.


Ser hombre, uno de verdad, no significa jugar en una liga y ganar un 30% más que las mujeres en un mismo cargo. Ni tomar mucha cerveza y madurar después que ellas. El sitio estadounidense Askmen.com, manual de estilo y fiel reflejo de lo que quiere, tiene y necesita un hombre, se asoció con la consultora internacional Ipsos para encuestar a quien estuviera dispuesto a responder qué define la masculinidad. Cien mil hombres contestaron más de 100 preguntas, y concluyeron que el símbolo máximo de estatus masculino no está ni en una cancha ni entre las piernas: para ellos, la hombría se confirma al tener una familia.


La segunda opción, tener una carrera exitosa, alcanza apenas el 26%, seguida de símbolos tanto más clichés -y tanto menos honorables-, como una pareja atractiva, una casa envidiable y un auto deportivo o de lujo. Pero hoy, la masculinidad, "lo que define a un verdadero hombre en 2010" -como se pregunta en la encuesta-, es ser un buen padre y marido, y preocuparse de la familia.


COSTUMBRES LATINAS


Puede que la respuesta provoque suspicacias. Que deje la sensación de que es una frase políticamente correcta, o de que las esposas estaban rondando el computador cuando los hombres respondieron. Sobre todo considerando que, para 2008, el 40% de los matrimonios en Estados Unidos terminaba en divorcio, y que en 2009 hubo un 9% más de divorcios que matrimonios en Chile. Sobre todo cuando está tan de moda la serie estadounidense Mad Men, con un protagonista, Don Draper, que carece de escrúpulos y le sobran amantes.


Pero el sicólogo Rodrigo Aguirre, de la Clínica Alemana, es tajante: "No nos debería sorprender. (…) En Latinoamérica, el gran referente para armarse como hombre es la familia". Un factor común en la región, explica el especialista, son los clanes extendidos y numerosos, en los que todas las generaciones y todas las ramificaciones se conocen. Por eso se sabe lo difícil que resulta, a veces, mantener al núcleo familiar cohesionado. Porque siempre requiere de esfuerzo.


Y testimonios de esa verdad sobran. Opiniones que concuerdan con la encuesta internacional, también. José Miguel Costa, un corredor de propiedades de 55 años, es de los que creen que formar una familia es un símbolo de masculinidad: "El ser hombre va por los sacrificios, y por tu señora y tus hijos haces todos, todos los sacrificios que existen en la vida". Y a veces, parte de esos sacrificios es darse cuenta de que la visión que se tiene de lo que es ser un hombre, hoy es distinta a la de hace 10, 20 ó 30 años.


LO QUE LAS MUJERES QUIEREN


Según la sicóloga de la Universidad Diego Portales Florencia Herrera, el cambio en lo que significa ser hombre se debe, principalmente, a las expectativas respecto del rol del género. Lo que las mujeres esperan de ellos. Según Aguirre, de la Clínica Alemana, el concepto de hombría "se forma en función del rol femenino". Ambos coinciden en lo evidente; en que la inserción de la mujer en el mercado laboral alteró la dinámica tradicional de los roles. Y que esto obligó a "una relectura de las relaciones familiares", como explica Aguirre.


Romper el binomio del hombre proveedor y la mujer dueña de casa implicó cambios mayores. Reformular la estructura familiar y aceptar que la masculinidad ya no dependía de las mismas cosas que hace 20 años. Que el hombre no era más hombre por ser el sostenedor, porque eso fácilmente podía dejar de suceder -siendo reemplazado o igualado por la mujer-, y que la señora no era la única que debía hacerse cargo del hogar y de los niños.


Cifras del PNUD hacen visibles esos cambios. En su Encuesta Desarrollo Humano de este año, sólo un 18% de los entrevistados se identifica con el perfil "tradicional" de las relaciones de género.


La reestructuración de la familia -y la redefinición de los roles- se debe a los dos conceptos que abarcan a la mayoría de los encuestados: un 26% calza con el perfil "pragmático" en cuando a las relaciones de género, y un 23% con el "liberal". Eso implica, por ejemplo, que el 83% de los primeros cree que hombres y mujeres son igual de capaces de administrar el presupuesto familiar, y que un 78% de los segundos piensa que ambos son buenos jefes.


BUSCANDO NUEVO TERRITORIO


Qué le queda al hombre, entonces: repensar su rol en la familia. "Ahora, ellos ven de manera distinta el tema de ser papá", explica Herrera. "La clave es involucrarse en la crianza de los niños, y vincularse afectivamente con ellos". Según la sicóloga de la UDP, ahí radicaría la importancia que le habrían dado los encuestados por Askmen.com a ser un buen padre, un buen marido y preocuparse de la familia. Porque ya que la mujer estaba "invadiendo" un área que había sido históricamente suya -el mercado laboral-, ellos debían compensar el terreno perdido explorando uno nuevo: la crianza de los hijos.


"El del hombre ya no es un rol protector, duro y castigador", explica Aguirre. Para él, "la incorporación de la emocionalidad y del cuidado y protección de las relaciones afectivas" define al hombre hoy en día. Y lo diferencia de su padre y su abuelo. Aunque eso no significa que haya hábitos que no cambian. Que están en el ADN de los cromosomas XY. Porque aunque un 95% de los encuestados de Askmen.com cree que ahora "los verdaderos hombres sí lloran"; y a pesar del 58% que reconoce usar "productos adicionales" para el cuidado de la piel; y aunque sólo un 12% sigue pensando que ellos deberían pagar todo cuando salen con una mujer, la cerveza se mantiene como el trago masculino por excelencia. Y, según el sicólogo de la Clínica Alemana, el Club de Tobi sigue siendo una institución.


Pero hay otros hábitos igual de arraigados que complican al género en vez de relajarlo. Que lo asustan. "Perder el control o dejar de controlar es lo que más les ha costado a los hombres", explica Aguirre. Aunque sea inevitable cuando tienen una pareja con independencia económica, cuando existen mujeres presidiendo países y cuando tienen jefas dándoles órdenes en el trabajo.


Por eso, como es lógico, los hombres huyen cuando algo les incomoda. O cuando no se acostumbran. Y vuelven cuando entienden que, a fin de cuentas, es lo que les corresponde. Que eso es lo que hace un verdadero hombre. Como Clint Eastwood; un ícono de masculinidad y uno de los cinco elegidos por la revista GQ como "hombres del año" en 2009. Un hombre golpeado del Lejano Oeste, que sabe lo que es pasar hambre y frío y tener que aguantarlo porque, justamente eso, es otra cosa que los hombres hacen: cumplir sus promesas sin importar los sacrificios. Y aunque Clint se dio cuenta tarde -en mayo cumplió 80 años-, es lo suficientemente hombre como para reconocer que recién a los 70 valoró lo que significaba tener una relación cercana con sus hijos, y volver a la casa y tener una mujer esperándolo. Sólo una. Eso, según él, es cumplir con la tarea. Merecer el rótulo. Ser un hombre.


FUENTE: http://www.latercera.com/contenido/659_280635_9.shtml