jueves, 27 de marzo de 2008

LA VIOLENCIA EN LOS MEDIOS DE COMUNICACION

Desde Cuba, Julio César González Pagés nos comparte un interesante artículo que seguramente encontrará resonancia en nuestra realidad.

"GÉNEROS PRÓFUGOS: LA VIOLENCIA EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Por: Julio César González Pagés

Las principales manifestaciones de la violencia son las que ejercen los hombres sobre las mujeres, sobre otros hombres y sobre sí mismos. Los medios de comunicación no han estado ajenos a este fenómeno: desde ellos se han promovido de forma inconsciente y consciente los estereotipos que marcan esta realidad en la sociedad global, teniendo gran responsabilidad en la construcción de un modelo de masculinidad hegemónica.

Uno de los mitos más habituales que vemos en los medios es el de la masculinidad violenta sustentada desde el consumo de prácticas de riesgos para los hombres, los cuales muchas veces asumirán los comportamientos de los mitos que se les exhiben.

Hoy en día, se insiste en la capacidad que tiene la llamada industria cultural para crear nuevos paradigmas de comportamiento que no alejan a hombres y mujeres de inequidades de género y recurren a la violencia como una forma de legitimarse. Desde la música, el deporte y otras manifestaciones se ofrece la idea de que la libertad individual debe violentar cánones establecidos, y uno de ellos es que las mujeres deben parecerse a los hombres en cuanto a su agresividad y violencia.

Estas conductas han llevado en muchos casos a la masculinidad y los hombres a una crisis. Entonces, ¿por qué repetir la fórmula de que la equidad supone ser miméticos hombres y mujeres? Es útil repasar, asimismo, la retórica de la libertad en función de nuevos modelos hegemónicos. Cambiemos los paradigmas violentos que funcionan como único patrón posible de comportamiento humano.

Se explica que el público demanda violencia, no sólo por la supuesta espectacularidad, sino también por la afición a la «mirada morbosa» sobre las imágenes o relatos «reales» que ofrecen los medios. Recordemos filmes tan premiados como el norteamericano Salvar al soldado Ryan o el mexicano Amores perros; más allá de sus indudables valores artísticos, encierran ambos una legitimación visual y artística de una realidad social, desoladora y violenta. Asesinatos, violaciones, accidentes, catástrofes se repiten incansablemente en películas, documentales, noticias como algo para alimentar la sed de los seres humanos por la violencia. El amor fue sustituido por el sadismo, la crueldad, la vulgaridad y la chabacanería. Muchas veces como denuncia, otras como exhibición, en todos los casos como muestra de una naturaleza humana que parece llamada a desparecer.

Esta crisis también está representada en los filmes del español Pedro Almodóvar, quien valida arquetipos de las personas transgénero, a quienes se les ve sin ninguna esperanza de inserción social. Sus trans siempre quieren ser divas como Sara Montiel o Marlene Dietrich, y así, quizás sin proponérselo, las estigmatiza. Las travestis y transexuales de Almodóvar son violentas, histéricas y marginales, cuestiones que no dudamos que puedan ser verosímiles, pero también, detrás de esta realidad, hay otras que Almodóvar no visibiliza, como son el reclamo de sus derechos ciudadanos.

La legitimación de la violencia como forma de comportamiento humano ha tenido en el diseño de género un papel fundamental. Por eso, cambiar las prácticas discursivas desde los medios es una tarea fundamental que no es ajena al ámbito artístico y sus creadores. La categoría género no puede ser prófuga de los programas de justicia social donde la cultura y los medios de comunicación son fundamentales. En los temas de violencia, el silencio nos hace cómplices.


Escrito para : Cartelera Cine y Video

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