domingo, 27 de septiembre de 2009

Carta al Presidente del Uruguay Varonespor la Equidad AREGNTINA

Sr. Presidente de la República Oriental del Uruguay,


Ante la lectura de su documento argumentando los por qué del veto de la ley que regula la práctica del aborto en su país, no puedo más que expresar mi desacuerdo.


Sobre que hay consenso en que el aborto es un mal, estamos de acuerdo: es un mal no por la práctica en sí misma, sino por la práctica que lo ha generado, es decir, falta de información, accidentes, o tantas otras posibilidades. Pero ese mal a evitar lo cargan mujeres en su gestación por nueve meses y son ellas las que deben obligatoriamente cargarlos en su vientre hasta nacer, aun en contra de su voluntad. Eso es el poder, el poder del Estado. Max Weber, uno de los padres de la sociología moderna describía al Estado como aquel que logra conseguir con éxito el uso de la violencia física en un territorio determinado. Ese poder, lo definía como la capacidad de hacer que el dominado obedezca aún en contra de su voluntad. Esa es la ley que vetó, un instrumento del poder, un instrumento del Estado contra las mujeres y su libre derecho a decidir.


En dicho documento también agrega que en los países que el aborto fue legalizado la cifra se multiplicó y se ha hecho costumbre. Por el contrario, el aborto es una práctica habitual producto de condiciones sociales. El aborto mata miles de mujeres que no pueden pagar una buena práctica médica, simplemente porque la pobreza no se lo permite. Aquellas mujeres que tienen el dinero para pagarlo, pagan sumas onerosas que un mercado en negro sólo puede ofrecer.


El negocio de la guerra, de las drogas, por cierto, matan millones de seres humanos al día, y ninguno de los detractores militantes del aborto levanta una sola voz contra esos flagelos. Claro, el narcotráfico o la guerra están también prohibidos. Pero mueven millones en dinero y escapan muchas veces a la responsabilidad que tiene en la comunidad internacional, países como los nuestros. Pero como Usted dice, el grado de civilización es medido por como se trata a los más necesitados. Es muy poco probable que el Uruguay pueda detener el hambre en el mundo, sus guerras, sus tráficos de drogas y personas. Pero probablemente, pueda lograr que las mujeres de su país puedan lograr una mejor calidad de vida con el acceso a un aborto seguro y la educación correspondiente para llegar a que ese embarazo interrumpido, nunca hubiera ocurrido.