miércoles, 20 de mayo de 2009

Explotación sexual en España EL PAIS ESPAÑA

Aquí va la tercera entrega:

"REPORTAJE: Explotación sexual en España -

3. EL NEGOCIO EN ESPAÑA

3. Unos trafican, otros ponen el burdel

Los problemas jurídicos para probar los vínculos entre las redes de trata de mujeres y los clubes de alterne facilitan que la prostitución forzada quede impune


MÓNICA CEBERIO BELAZA / ÁLVARO DE CÓZAR - Madrid - 19/05/2009

La ruta del amor. Cuenca. Kilómetro 200 de la Nacional 301. Por la
radio, un sábado por la noche, se escuchan toda clase de invitaciones
para consumir sexo. Es Loca FM. Entre techno cutre y pachanga, se van
anunciando los locales con los que se va a topar el conductor en pocos
minutos: Las Torres, Night Star, Los Molinos, Pasarela... Una voz
grave y masculina sugiere detenerse en uno de ellos: "Las Torres.
Simply the best". A lo largo de 20 kilómetros hay siete clubes de
alterne. Grandes, pequeños y medianos.

En Los Molinos, uno de los más exitosos, no dejan pasar a las mujeres.
Ni a la prensa. Un encargado paraguayo balbucea rápido que allí no se
hace nada malo, pero que no tiene intención alguna de dejar entrar a
dos periodistas. Ni siquiera para tomar unas copas como cualquier
cliente. El aparcamiento está a reventar. Jóvenes -algunos con
cochazos y con la música a tope- entran riéndose. Dentro les esperan
más de 60 mujeres que trabajan allí, de distintas nacionalidades,
jóvenes y guapas. Esa noche se hará, probablemente, una gran caja.

Las redes de tráfico de mujeres extranjeras pueden obligar a las
chicas a prostituirse en las calles y polígonos industriales -a veces
también en pisos-, pero es raro que tengan un local de alterne
explotado por ellos mismos, sobre todo cuando la red es pequeña y está
formada por tres o cuatro personas. Hacen falta españoles que actúen
como tenderos de la mercancía. Y son necesarios varios contactos,
porque las mujeres no pueden estar paradas en el mismo club durante
muchas semanas. Los traficantes tienen que montar una red de locales
por la que puedan ir circulando. Cada zona de España tiene sus
especialidades geográficas: en la cornisa cantábrica, el 90% son
brasileñas. En La Junquera (Girona) hay un porcentaje similar de
rumanas. La cifra total de clubes, según la Unidad contra las Redes de
Inmigración Ilegal y Falsificaciones Documentales de la Policía
Nacional está en torno a los 2.500.

Los empresarios españoles insisten en que ellos no tienen nada que ver
con la trata de mujeres. Aseguran que sólo les ofrecen un espacio en
el que ejercer libremente como prostitutas y que, a cambio, les cobran
por el alojamiento y comida. Luis, un cubano ex jugador de voleibol
dueño de Las Torres, en Cuenca, defiende que es un negocio más en el
que todos son libres. "En las copas vamos al 50%, pero el cliente da
directamente el dinero a la mujer. Yo no quiero problemas. Tampoco me
meto en si tienen o no tienen relaciones sexuales. Ése es su problema.
Yo les cobro 40 euros al día por habitación, desayuno, comida y cena y
no quiero saber nada más. No acepto menores de edad ni voy buscando
chicas. Vienen las que quieren".

La realidad no tiene siempre el tono rosa que pinta Luis. En los
clubes hay mujeres obligadas a ejercer la prostitución. Sobre todo
durante sus primeros meses en España, los que tardan en pagar la deuda
a sus captores. Las endeudadas están obligadas a hacer cualquier cosa
que les digan. A veces es su mami -la controladora, la persona que las
vigila siempre-, la que se ocupa de todas sus relaciones mercantiles,
de decirle lo que tiene que cobrar y con cuántos hombres tiene que
mantener relaciones sexuales cada noche. Y la encargada de presionarla
si los objetivos mínimos no se cumplen. El empresario puede mantenerse
al margen y limitarse a cobrar a las mujeres entre 40 y 60 euros al
día para evitar conflictos con la justicia.

Pero en muchos casos sí es el dueño del club -a través de sus
encargados y empleados-, el que explota directamente a la mujer una
vez que los traficantes la han traído a España. En las sentencias
judiciales se encuentran múltiples casos como éste. "Eugenio trabó
contactos con diversas personas de Rusia, quienes le enviaban
periódicamente mujeres de dicha nacionalidad", relata el Supremo en
una resolución de junio de 2006. Eugenio era el dueño de un club de
alterne en Roquetas de Mar (Almería). Sus amigos rusos reclutaban
mujeres prometiéndoles trabajar como camareras. Cuando ellas llegaban,
si se negaban a ejercer de prostitutas, Eugenio las obligaba a hablar
por teléfono con el captador ruso, que amenazaba con matar a sus
familias. El español imponía multas a las que no trabajaran algún día,
no llevaran falda o se negaran a ir con un cliente determinado.
Eugenio las obligaba a practicar lo que él llamaba el "pequeño
champán" (beber una botella, dejarse tocar y masturbar al cliente) y
el "gran champán" (con sexo completo). Una relación laboral -obligada,
eso sí- en toda regla.

Las autoridades saben dónde están los clubes. ¿Por qué no hay un mayor
control entonces? ¿Por qué no se hace una vigilancia constante para
evitar que sean espacios en los que se esclaviza impunemente a las
mujeres? Hay dos vías de actuación: la policial y la de la inspección
de trabajo. Y ambas se encuentran con el mismo problema: la falta de
regulación en España de la prostitución. Como no está prohibida, no
pueden acosar de forma permanente a los locales. Como no está
regulada, tampoco pueden controlar que se cumpla una determinada
normativa, que se respeten los derechos laborales de las mujeres.

"El tema no está claro ni siquiera en cuanto al alterne [tomar copas
con los clientes] que es una actividad más visible y que se puede
controlar más", explica Manuel Alía, subdirector general para la
Inspección en materia de Seguridad Social, Economía Irregular e
Inmigración del Ministerio de Trabajo. "Según los tribunales
catalanes, hay una relación laboral", continúa. "Según los gallegos,
no puede haberla porque se trata de un trabajo que atenta contra la
dignidad humana. Pero en lo más gordo, que es si allí se mantienen
relaciones sexuales contra la voluntad de la víctima, no podemos
entrar porque la legislación no nos ampara".

La policía se encuentra con el mismo problema a la hora de actuar. La
prostitución es una actividad lícita, por lo que no pueden
perseguirla. Sólo pueden ir tras el tráfico de personas y la
inmigración ilegal. Por lo general, las redadas buscan mujeres sin
papeles. Una vez detenidas, algunas denuncian a los explotadores.
Otras no. Por miedo a represalias y porque muchas veces el empresario
las ha convencido de que los agentes -que pasan a menudo por los
prostíbulos para conseguir información- no las van a ayudar.

El negocio de la prostitución es, según la ONU, el segundo negocio
mundial más lucrativo, tras el tráfico de armas y antes que el tráfico
de drogas. Reporta anualmente unas ganancias de entre 5 y 7 billones
de dólares y moviliza a unos 4 millones de personas. En España mueve
unos 18.000 millones de euros al año, según el Informe de la Ponencia
sobre la Prostitución en nuestro País, redactado por las Cortes
Generales. Pero la cifra es una vez más, una estimación poco fiable y
basada en un número de prostitutas que todavía se desconoce.

Hay datos que sí indican que, en cualquier caso, hablamos de mucho
dinero. Hace unas semanas, la Policía Nacional detuvo a José el
Francés, un empresario almeriense que supuestamente había blanqueado
12 millones de euros desde el año 2007. Las ganancias provenían de sus
siete clubes de alterne en Almería capital y Roquetas de Mar. El
empresario ocultaba 13 empresas tapadera, que estaban en manos de
testaferros y hombres de paja, normalmente drogadictos que aceptaban
dar la cara en los locales por muy poco dinero. La mujer de José el
Francés, rusa, era la encargada de conseguir mujeres en Rusia y Brasil
para el entramado.

La provincia de Almería es uno de los focos de la prostitución en
España. Nada más llegar a El Ejido, el Golden y otros locales de los
polígonos lanzan sus mensajes de neón a los automovilistas. A pocos
metros de allí, en ese laberinto de invernaderos que da trabajo a
inmigrantes venidos de Latinoamérica, África y Europa del Este, se
encuentran otros clubes algo menos selectos. Uno de ellos es el Kongo,
muy cerca de Roquetas de Mar. Desde fuera parecería un almacén de
chatarra si no fuera por el parpadeo del neón. Dentro es un club de
alterne para inmigrantes. "Es raro ver a un español por aquí", dice
una de las chicas, una rumana con el rostro desencajado que pide ayuda
en los primeros minutos de conversación: "Quiero salir de aquí. No me
gusta esto. No quiero dedicarme a la prostitución".

En esos tugurios es donde la ONG tienen más problemas para acceder a
las chicas y atenderlas. También en los pisos, donde las mujeres están
más desprotegidas que en cualquier otro sitio. Algunas mujeres apenas
salen a la calle y sólo tienen contacto con los clientes durante un
breve lapso de tiempo. Trabajan y viven allí. "Algunas casas son
auténticos almacenes de mujeres", relata un agente de la UCRIF
especializado en Europa del Este. "Hace poco vimos un chalet pequeño
en el que vivían hacinadas 17 rusas. Dormían en habitaciones llenas de
literas y no salían nunca". Se minimiza el gasto y optimiza el
beneficio. La prostitución china, por ejemplo, menos visible, se
ejerce casi en su totalidad en pisos de grandes ciudades, en Madrid y
en Barcelona. Como en la calle, en los pisos no hacen falta grandes
inversiones. Sólo poner a la mercancía humana a producir.

Uno de los pocos clubes chinos está en Madrid. Es un pequeño local con
chicas asiáticas. La clientela, salvo algún español trajeado y
silencioso, es oriental. Las jóvenes están calladas comiendo arroz con
palillos en torno a la barra del local. Al fondo, la mami. También
china. No dicen mucho. Una de las chicas tiene 20 años, viene de
Tailandia y chapurrea un inglés lo suficientemente ágil como para
expresar que quiere marcharse de allí. "Quiero volver a Bangkok con mi
familia". No tiene billete de vuelta y dice que necesitará un año para
conseguir el dinero. Cuando no trabaja está en casa haciendo sudokus.

Un grupo de chinos entra en el local e interrumpe la conversación. Se
llevan a la chica rápidamente. Dos semanas más tarde, ya no está allí.
"La trasladaron a otro sitio", dice el encargado. Quizá tuvo problemas
por hablar demasiado con este periódico. "No le pasará nada", dice el
hombre, quitándole importancia. "Como mucho la habrán dejado un par de
días sin comer".

Hechos probados

El Tribunal Supremo ha dictado más de 80 sentencias en los últimos
ocho años sobre delitos relacionados con la prostitución de
extranjeras. Lo que sigue son hechos probados. Resoluciones firmes
ante las que no cabe recurso. Hay decenas de casos más. Los nombres
son supuestos. Así aparecen en la base de datos del Supremo.

- Sentencia 1307/2005. Rafael, ciudadano lituano, actuando de acuerdo
con Federico, contactó en Lituania con Carmela y Juana, ambas
lituanas. Las introdujeron en España por carretera. Las metieron en un
club. Cada día, al volver del trabajo, Rafael y Federico exigían a las
mujeres el dinero. Un día, Carmela se negó a entregarlo. Federico la
golpeó con unos guantes de boxeo y la obligó a introducirse en la
vagina una porra a la que había colocado un preservativo. Luego le
hizo una sesión fotográfica.

- Sentencia 605/2007. Fernando y Raúl (ambos rumanos) propusieron a
Rocío, de 23 años, viajar a España para trabajar como camarera. Una
vez aquí descubrió que trabajaría como prostituta. Fernando violó a
Rocío en tres ocasiones. Ella se resistió. Fernando le gritó
diciéndole que tenía que obedecerle y la amenazó con rajarle con una
navaja. Le dijo que tenía derecho a "catar la mercancía".

- Sentencia 1751/2006. Juan Manuel y Amparo trajeron a dos mujeres
engañadas desde Rumania a España. Juan Manuel quemaba a una de ellas
con cigarrillos y le ataba por las muñecas si se negaba a prostituirse
o ganaba poco dinero.

- Sentencia 712/2005. Conversación telefónica interceptada por la
policía: "Vamos a llamar a Vudú para que maten a la chica o llevarle
el nombre de la chica para que pague. Si no paga no va a tener ojos
para otra cosa". La mujer que dijo esto pertenecía a una red de trata
que introducía mujeres nigerianas en España.

- Sentencia 1305/2004. José Luis, rumano, se enriqueció en Madrid con
el dinero que obtenía de varias chicas introducidas ilegalmente y
llevadas a la Casa de Campo para ejercer la prostitución. El procesado
obligó a las chicas a prostituirse al aire libre y en ropa interior.
Limitaba a 10 minutos el tiempo de permanencia con los clientes. Si se
excedían en algunos minutos, eran castigadas con golpes."."