miércoles, 20 de mayo de 2009

La fina línea entre trata y prostitución EL PAIS ESPAÑA

Querid@s amig@s:

Nuestro amigo José Luis González Seva, ha enviado al Grupo de Discusión del Foro este interesante material, una serie de reportajes del Diario El País, que por su importancia hemos decidido subir a este espacio. Pedimos disculpas a l@s miembr@s del Grupo, ya que lo recibirán dos veces, pero, en cambio, más personas tendrán la oportunidad de conocerlo.

"EXPLOTACIÓN SEXUAL EN ESPAÑA

1 - La fina línea entre trata y prostitución

0. La esclavitud invisible


17/05/2009

Hay 45.000 prostitutas en España. ¿O son 400.000? El 90% están
explotadas y ejercen contra su voluntad ¿O es el 10%? No existe ningún
dato oficial y fiable, ni ningún estudio serio y concienzudo sobre el
tráfico de mujeres de países del Tercer Mundo a España y a otros
países europeos.

Hay 45.000 prostitutas en España. ¿O son 400.000? El 90% están
explotadas y ejercen contra su voluntad ¿O es el 10%? No existe ningún
dato oficial y fiable, ni ningún estudio serio y concienzudo sobre el
tráfico de mujeres de países del Tercer Mundo a España y a otros
países europeos. EL PAÍS inicia hoy una serie de reportajes sobre este
fenómeno de cifras tan dispares en el que cada grupo, asociación o
institución maneja los números según el tipo de política que defienda,
abolicionista o de regulación de la prostitución. En cualquier caso,
las actuaciones policiales, de la fiscalía, las declaraciones de las
víctimas y las sentencias dictadas por el Tribunal Supremo no dejan
lugar a dudas: en España hay mujeres que son compradas y vendidas y
obligadas a tener múltiples relaciones sexuales en la calle, en pisos
o en burdeles contra su voluntad. A algunas las encierran bajo llave y
controlan cada uno de sus movimientos. A otras les dan palizas o
violan hasta que anulan su voluntad. En otros casos, las amenazan con
hacer daño a sus familias en Rumanía, Rusia, Nigeria... También las
hay que saben que van a venir a España a trabajar como prostitutas,
pero, una vez aquí, la realidad no es mejor que la de aquéllas que
venían engañadas. Y, si se resisten, las medidas de coacción son las
mismas. Si hubiera 45.000 prostitutas en España -las cifras más bajas
de la ONU y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado-, y sólo
el 10% estuvieran obligadas (porcentaje que calculan los propios
empresarios del sexo), estaríamos hablando de miles de esclavas, un
drama invisible que provoca una escasa preocupación social. Mientras
tanto, las mujeres siguen llegando. Los traficantes hablan de ellas
como "kilos de carne" o "terneritos". Algunas firman contratos como
éste: "Mi vida vale lo mismo que lo que debo a mi madame".

1. "Si rompo las reglas mi 'madame' tiene derecho a matarme"

Mujeres explotadas sexualmente firman contratos con los que entregan
su vida a los proxenetas


MÓNICA CEBERIO BELAZA / ÁLVARO DE CÓZAR - Madrid - 17/05/2009

"Prometo pagar la suma de 40.000 dólares. Declaro que no infringiré las normas y que no diré nada a la policía. Si rompo las reglas, mi
madame tiene derecho a matarnos a mí y a mi familia en Nigeria. Mi vida vale lo mismo que la cantidad que debo a mi madame. Declaro que me han explicado este acuerdo en mi dialecto y que será destruido cuando el pago total sea abonado".


Los archivos policiales guardan multitud de contratos como éste. Un
papel escrito en un inglés macarrónico, con letras mayúsculas y
espacios en blanco para que una mujer escriba su nombre y ponga su
vida a disposición de la red que la ha traído a España desde Nigeria.
Se convierte en su esclava durante el tiempo que tarde en pagar los
40.000 dólares que le cobran por el viaje. Esto supondrá una unión
inquebrantable con los traficantes durante al menos cinco años.

La prostitución en España ha cambiado radicalmente en los últimos 15
años por los flujos migratorios. Antes era un mercado marginal o de
lujo. La llegada de las inmigrantes amplió la oferta y la democratizó:
más mujeres, más guapas, más jóvenes, más exóticas y más baratas.
Cualquiera puede pagar 30 euros por media hora con una de ellas. En
estos momentos, entre el 85% y el 90% de las prostitutas son
extranjeras, según cálculos de la UCRIF, la Unidad contra las Redes de
Inmigración Ilegal y Falsificaciones Documentales de la Policía
Nacional.

El nuevo mercado ha tenido éxito. La demanda ha aumentado y el negocio
se ha convertido en una mina de oro que necesita renovar la mercancía
constantemente. Para eso los mercaderes han creado redes perfectamente
diseñadas para abastecer nuestras calles, polígonos, pisos y clubes de
carretera. El mismo sistema que se emplea para importar tomates: un
recolector, un distribuidor, un transportista y un vendedor. En las
escuchas policiales los agentes suelen oír frases como "tengo tres
kilitos de carne" o "he traído unos terneritos". Los terneros son
mujeres de entre 18 y 25 años, las que se pueden colocar en cualquier
sitio.

Vienen sobre todo de una decena de países. Las razones, una vez más,
son puramente mercantiles: se basan en la pobreza del país de origen,
su volumen de delincuencia organizada, unos rasgos étnicos que
resulten atractivos en España y la facilidad de entrada. Las
colombianas, por ejemplo, están dejando de llegar desde que se les
exige visado. "El 58% de las mujeres proceden de Latinoamérica
(especialmente brasileñas y colombianas), otro 35% son europeas (de
países del Este, sobre todo rumanas y rusas) y el resto africanas
(nigerianas y marroquíes)", según indica la Guardia Civil en su
Informe 2007 sobre trata de seres humanos con fines de explotación
sexual. Apenas hay españolas. Las asiáticas, chinas en su mayor parte,
ejercen en pisos.

La gran dificultad de la Policía y Guardia Civil -y también de la
sociedad al abordar este proble-ma- es diferenciar el tráfico de
mujeres de la prostitución, que puede ser una actividad libre. "Estoy
aquí porque me da la gana", dice Andrea, en la barra del Golden, uno
de los prostíbulos más conocidos de El Ejido (Almería). "Podría estar
limpiando escaleras, pero aquí gano mucho más, unos 2.500 euros al
mes, incluso con la crisis". Una gran parte de ese dinero (50 euros al
día, 1.500 al mes) es para el dueño del Golden. Paga esa cantidad por
la habitación y el alojamiento. Con lo que ahorre del resto, la mujer
dice que montará un bar de copas cuando regrese a Hungría.

Pero no siempre se tiene en cuenta la voluntad de la mercancía. "A
veces el engaño es total", explica Carlos Botrán, comisario jefe de la
Brigada Central de la UCRIF y con 20 años a sus espaldas de lucha
contra el tráfico de personas. "La mujer llega pensando que va a
trabajar como camarera, limpiadora o secretaria, y una vez aquí es
obligada a meterse en un club 12 o 13 horas al día para mantener
relaciones sexuales a cambio de dinero", explica.

Existe también otro tipo de engaño. Cuando la mujer sabe que viene
para ejercer la prostitución pero cree que lo hará cuando y como
quiera. Al aterrizar en España, se da cuenta de que su capacidad de
decisión ha sido anulada. Si se resiste, le esperan los mismos métodos
de coacción que se usan para doblegar la voluntad de quienes llegaron
engañadas.

Las compran y venden, y las mueven de club en club para que sean
rentables, no hagan amigos y los clientes del burdel tengan la mayor
variedad posible. En Fuerteventura, el folleto de un prostíbulo
colocado en la ventanilla de un coche vende como gran atractivo la
renovación total del género cada 20 días. A veces se hace coincidir el
traslado con la menstruación para optimizar el rendimiento de la
chica. "Y algunos las obligan a meterse en la vagina una especie de
tapones para que puedan mantener relaciones incluso con la regla",
relata un agente especializado en trata.

Las decenas de sentencias que el Tribunal Supremo ha dictado en los
últimos ocho años sobre esta materia son relatos de terror: palizas,
quemaduras de cigarrillo, cortes con cuchillos y tijeras, violaciones,
dientes rotos, amenazas de muerte a ellas y a sus familias, puñetazos
en la cara por no conseguir clientes, obligación de mantener
relaciones sexuales con hemorragias, castigos por no ir a trabajar
tras un aborto, 290 euros de multa por exceder el tiempo que se puede
pasar con cada cliente, encierros, vigilancia constante, retirada del
pasaporte.

La mujer que llega a España está aislada e indefensa. No suele hablar
el idioma y depende de su captor. "Hay chicas muy jóvenes, sin
estudios, que no han salido de su pueblo nunca", dice José Nieto
inspector jefe de la UCRIF. "Están tan controladas que es difícil que
logren escapar y denunciar", explica Rocío Nieto presidenta de la
Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención de la Mujer
Prostituida (Apramp). Sonia, una brasileña víctima de trata que
trabaja ahora para la ONG, habla del miedo que pasan estas mujeres.
Del miedo a todo. Al proxeneta que les pega y amenaza. A la policía
que las puede deportar. Y a volver a sus países. "Incluso los padres,
novios o hermanos participan a veces en la venta de la chica", relata.

La salida es difícil. Esto fue lo que le pasó a María Esther por
tratar de escapar con un cliente, según se explica en una sentencia
del Supremo de mayo de 2007: "[Abelardo, el proxeneta] la agarró del
cuello y comenzó a propinarle golpes, tomando unas tijeras y
pinchándola con ellas en la cabeza y en las piernas, causándole
lesiones consistentes en contusión frontal, heridas y contusiones en
cuero cabelludo, traumatismo en la región anterior del cuello por
aplastamiento de tráquea, erosiones en la región lateral izquierda del
cuello, herida contusa en el mentón y en el labio superior, herida
inciso punzante en la región temporal derecha y heridas inciso
punzantes en el muslo izquierdo". Para huir del agresor se descolgó
del balcón y cayó en el del piso inferior. Ese vecino avisó a la
Guardia Civil.

No hay estudios con cifras concretas, pero es innegable que en España
hay mujeres esclavizadas. "No conocemos el volumen pero sabemos que
hay trata", dice Joaquín Sánchez-Covisa, fiscal de sala del Tribunal
Supremo y coordinador de Extranjería. Un número mínimo del que se
puede partir es el de 951 víctimas: éstos son los permisos de
residencia que se han concedido entre 2000 y 2008 en virtud del
artículo 59 de la Ley de Extranjería. Se aplica a víctimas que han
denunciado o facilitado a la policía información "relevante" para
desarticular las redes que las han traído.

La cifra real es, sin duda, mayor. Hay muchas mujeres que no
denuncian. Otras que lo hacen pero que no tienen información
"relevante" que aportar y, por tanto, se les deniega el permiso -entre
2000 y 2008 se han denegado 648-. También las hay que no piden la
residencia porque prefieren volver a sus países.

La conciencia sobre el problema, sin embargo, es nula. "La sociedad no
se ha preocupado por este tema", opina el fiscal Sánchez-Covisa. "Son
mujeres invisibles". "Es muy fuerte la tolerancia que existe en España
hacia el hecho de que se importen seres humanos como muebles", dice
Rocío Nieto, de Apramp. "Es un nuevo tipo de esclavitud al que todos
estamos contribuyendo".

No hay campañas de sensibilización. Nadie habla del asunto. Y los
consumidores de sexo no tienen la sensación de que la persona a la que
están pagando quizá esté siendo explotada. "Algunos preguntan y se
interesan por tu vida, pero son los menos", dice Anka, víctima de
trata que ahora trabaja ayudando a otras chicas que están pasando por
lo mismo. "Ellos van a lo que van y te tratan como una puta". "El
estrés postraumático que padecen es brutal", añade Rocío Nieto.
"Durante meses, o años, no tienen libertad para nada. Acaban diciendo
cosas como 'yo lo único que sé hacer es mamarla y follar'. La
recuperación después es muy lenta".

"Nunca me he preguntado si están aquí contra su voluntad", dice un
cliente que, por razones obvias no quiere dar su nombre. "Si me lo
hubiera preguntado, probablemente no habría entrado. Cuando estás
hasta arriba de alcohol no te preguntas esas cosas. No veo nada malo
en irse de putas si la persona con la que estás lo hace porque quiere,
pero sí, no suelo preguntarlo y si lo hago no creo que me vayan a
decir la verdad".

Cristina Garaizábal, de Hetaira, una ONG que defiende la regulación de
la prostitución, dice que en los últimos meses han recibido llamadas
de algunos hombres que querían saber cómo detectar si una prostituta
era víctima de trata. Pero la mayoría, como el resto de la sociedad,
vive al margen del asunto.

Mientras tanto, las autoridades viven su propia esquizofrenia. Nadie
se atreve a tomar cartas en el asunto de la prostitución, ni para
regularla ni para prohibirla. Ni siquiera en el interior de los
partidos políticos hay consenso sobre la solución correcta. La última
ponencia del Congreso de los Diputados sobre el tema -que tuvo lugar
en 2007- acabó con la decisión de adoptar medidas contra la trata de
mujeres, pero mirando para otro lado a la hora de abordar la
prostitución, el tema más polémico. Y eso sucedió a pesar de que,
según las conclusiones, hay 400.000 prostitutas en España y el 90%
ejerce la actividad contra su voluntad. Son cálculos sin base empírica
que lo sustente, pero es chocante que se den por buenos y a
continuación se decida permitir una actividad en la que hay 360.000
esclavas.

El tráfico de mujeres es un delito pero la prostitución es alegal: no
está ni regulada ni prohibida, lo que dificulta la tarea de las
fuerzas y cuerpos de seguridad y convierte a España en un país
atractivo para las mafias, que encuentran rápidamente a españoles
dispuestos a lucrarse con ellos. La prostitución en pisos y en la
calle es una actividad que queda completamente al margen del control
del Estado. Todo son ganancias netas y optimizar el beneficio. Los
burdeles, tienen licencias como hoteles u hostales con bar y sólo
declaran una mínima parte de sus ingresos. "Es un negocio que no
requiere demasiado para montarlo. Se juntan dos, obtienen una licencia
para montar un hostal y le ponen un cartel que diga 'Chicas' y ya
está. Si tienen la forma de conseguirlas tendrán pronto muchos
ingresos", explica Carlos Igual, de la Sección de Menores, Explotación
Sexual Infantil y Trata de Seres Humanos de la Guardia Civil.

Como todo es economía sumergida, tampoco hay datos fiables sobre el
volumen del negocio. Pero los casos concretos son reveladores: en una
de las últimas redadas de la policía se detuvo a un empresario
almeriense llamado José El Francés. Había blanqueado 12 millones de
euros procedentes de las ganancias de sus clubes de alterne."."