sábado, 6 de junio de 2009

Contra la inequidad de género La Patria BOLIVIA

Contra la inequidad de género

Por: Ariel Ferrufino Reinaga (*)

En nuestra sociedad, ahora tan consumida en sus constantes cambios estructurales políticos y sociales, lamentablemente se ha menospreciado con desidia un elemento determinante para un desarrollo humano y social, este es justamente la inequidad de género, que en las actuales coyunturas no ha sido más que un discurso sin ningún devenir concreto.

Es por ello que se generan estas pocas líneas, en el afán de concienciar, no sólo a los responsables de las instituciones encargadas del tema, sino sobre todo a cada una de las personas que es parte de este complejo sistema social.
La inequidad de género parte de una dicotomía cuasi naturalizada en la mayoría de las sociedades, la masculinidad estereotipada como activa y pública contra la también estereotipada feminidad, pasiva y doméstica, esta relación activo-pasiva, proporciona un estigma de hogareña a la mujer, el cual está muy arraigado en el imaginario colectivo.

Esta idea tradicional de que el lugar de la mujer es el hogar, nace como lo manifiesta Conrad P. Kottak, en los Estados Unidos tras una expansión del industrialismo a partir del año 1900, puesto que los inmigrantes europeos se habían propuesto trabajar por menores salarios que los hombres oriundos, pasando a ocupar puestos de trabajo que antes habían sido de las mujeres de ese país, estableciendo la noción de que las mujeres no estaban biológicamente preparadas para el trabajo duro en la fábrica, argumentación que comenzó ser determinante para su exclusión.

Por otro lado, desde una visión andina, las mujeres no son consideradas como “sujetos activos” de ningún proceso productivo en la sociedad; por un lado, no se toman en cuenta sus intervenciones en las asambleas comunales, pero de hacerlo, son tomadas en cuenta parcialmente o incluso distorsionadas de su verdadero espíritu por los hombres. Por consiguiente las decisiones de la comunidad corresponden, sólo a los hombres. reduciendo a la mujer andina a trabajos específicos como vigilar el crecimiento y educación de sus hijos, ser la cocinera, lavandera, pastora de animales y en algunos casos incluso comerciante ambulante sea para venta o trueque, llegando a trabajar más que el hombre.

Sin embargo, estas actividades generalmente no son reconocidas, no sólo por sus parejas que consideran su actividad doméstica y liviana, sino fundamentalmente por la sociedad dominante, bajo el argumento que no tienen un verdadero valor social.
Esta división activo-pasiva entre hombre y mujer, también se proyecta en la violencia, un instrumento considerable de dominación, la fuerza física usada para infligir daño a una persona, en este caso a la mujer “pasiva”, para reducirla y anularla.

Una forma de violencia, de tantas existentes, es el acoso sexual, manifestación clara y latente de una sociedad patriarcal y que es resultado de las normas, valores, mitos y creencias que prevalecen en un contexto cultural, del cual su función sería regular las interacciones hombre-mujer para mantener la dominación masculina en lo laboral, lo económico y otros aspectos, la violencia cuenta con instrumentos como la intimidación y la desmoralización que pueden llegar a provocar, por ejemplo, el traslado, despido o renuncia de las mujeres trabajadoras en instituciones o cualquier otro espacio de crecimiento personal.

Este tipo de violencia, que resulta ser la más frecuente, excluye a sus victimas de los procesos de formación social, va anulándolas de manera sistemática y va quitándoles cualquier importancia, incluso con el criterio más sesgado como el que la mujer no es persona por sí misma, sino es persona sólo en y con relación al varón, la relación de complementariedad, “la mujer sólo es complementaria al varón”.

Por ello es necesario, como personas responsables, buscar y abrir espacios para el acceso a oportunidades para el empoderamiento femenino, dar lugar a una plena feminidad activa, llegar a una ultrafeminidad es de mucha importancia para la superación de la inequidad de género, porque la biología de los sexos no es un cerramiento estrecho que limite a los humanos en ningún aspecto, sino más bien una amplia base que sirve para construir un desarrollo integro y humano, lo que tiene que imponerse sobre cualquier cosa es el respeto por la integridad y valoración de cada persona y por el bien común.

(*) Licenciado Comunicador Social

FUENTE: http://lapatriaenlinea.com/index.php?option=com_content&task=view&id=8260&Itemid=33