miércoles, 24 de junio de 2009

Entrevista con Saúl Gutiérrez Lozano Por Esto! MEXICO


Entrevista con Saúl Gutiérrez Lozano


Por Rocío Quintal López1


UADY e IEGY, aliados en capacitación y difusión sobre el tema de “Masculinidad”, desde una perspectiva que incluye el género y análisis del discurso


En los últimos 7 años ha crecido el interés por los estudios de masculinidad en el contexto mexicano. Esto en parte, debido a la abundante producción de estudios que critican la existencia de relaciones de desigualdad y de dominación genérica entre distintos grupos sociales argumentando que no todos los hombres gozan de situaciones de privilegio económico, por ejemplo, que hipotéticamente les posibilitaría explotar o sacar provecho tanto de hombres como de mujeres. Por otra parte, varones simpatizantes del movimiento feminista de diversos países cuestionan poseer privilegios y posiciones de poder sobre las mujeres y han formado grupos que reivindican la equidad entre los géneros.


En este contexto, lo que queda claro es que la masculinidad no es una categoría inmutable para reflexionar acerca de los hombres, ésta se ha venido construyendo socialmente e incluye a las mujeres, y tiene como característica central que se transforma de una época a otra. En este sentido, la única certeza que ahora existe en el tema de la masculinidad es que aún se tiene una idea vaga del mismo, ya que el uso de este término es errático y diverso, lo cual tiene consecuencias diversas en la investigación y la producción teórica.


Ante este panorama, es que resultó de gran interés conversar con el Mtro. Saúl Gutiérrez Lozano, Psicólogo por la UNAM, con posgrado en sociología por el Instituto Mora y la Universidad de York, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y del PUEG (Programa Universitario de Estudios de Género), y autor de uno de los libros más recientes (diciembre del 2008) que se han publicado en el contexto mexicano sobre el tema de la masculinidad.


El Mtro. Saúl Gutiérrez estuvo en nuestra ciudad el pasado 18 y 19 de junio para impartir el curso “Hombres y Mujeres en la Vida Cotidiana: Una mirada desde el género y el análisis del discurso” y para presentar su libro “Tejer el mundo masculino. Ambos actos académicos fueron co-organizados por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) a través de El Centro de Investigaciones Regionales “Dr. Hideyo Noguchi” (CIR), la Facultad de Economía de la UADY, y en coordinación con El Instituto para la Equidad de Género en Yucatán (IEGY).


A continuación se abordan algunos de estos elementos en la entrevista que amablemente nos concedió:


Rocío Quintal (RQ): Saúl ¿cómo y en qué momento nació en ti la inquietud de escribir un libro sobre el mundo masculino?


Saúl Gutiérrez (SG): Tengo que admitir que Tejer el mundo masculino no es el producto de un proyecto bien definido. Lo que quiero decir es que no fue una decisión plenamente consciente (reflejada en un esquema perfectamente delineado) la que me impulsó a escribir el libro. En realidad, tenía en mis manos algunas notas “críticas” sobre el tema de identidad de género, masculinidad, sexualidad y metodología para las ciencias sociales. Al revisar estas notas me di cuenta que tenía un material abundante cuyo contenido, haciendo el esfuerzo conducente, podía organizarse en un texto. Debo decir, por supuesto, que para ese entonces las relaciones de género y la sexualidad se contaban entre los temas por los cuales yo mostraba un interés académico.


Me esforcé por construir un eje que articulara y diera coherencia a las notas. Caí en la cuenta de que una sociología de la acción cuyo lema “el mundo revela todas sus cualidades únicamente dentro del ámbito de la acción social” calzaba perfectamente con la propuesta de que el género alude a la elaboración cultural y social de lo que significa ser hombre o ser mujer. Vi la oportunidad de poner énfasis en el hecho de que la identidad de género, es decir, la concepción de uno mismo como mujer o como hombre emerge justo cuando las personas interactúan en situaciones más o menos definidas. El haber establecido el puente entre sociología y lo que se conoce en ciencias sociales como “perspectiva de género” me incentivó a buscar algunos conceptos para definir a la sexualidad no sólo como un fenómeno social sino como una acción estrechamente ligada a las relaciones de género. Por supuesto, existen investigaciones que se ha llevado a cabo y muchas páginas se han escrito para dar cuenta del tema de género y sexualidad. Así que no fue difícil captar en qué puntos confluyen esos sistemas de acción.


Al respecto, quiero añadir algo más. Para decir algo “sobre los hombres y sexualidad”, fue necesario hacer investigación de campo. Encontré de utilidad la entrevista no estructurada y la utilización de la técnica conocida como “análisis del discurso” para la interpretación de los datos así obtenidos.


Definida la perspectiva teórica y metodológica entonces pude decir algo sobre hombres y sexualidad.


RQ: Tu libro lo haz titulado “Tejer el mundo masculino”, desde tu punto de vista ¿cuáles serían los hilos que de forma más significativa forman parte de ese tejido en el contexto mexicano?


SG: Del libro es difícil derivar una “radiografía” o siquiera un panorama general sobre el mundo masculino en el contexto mexicano. Traté, por el contrario, de poner en perspectiva algunas de las investigaciones que se han hecho sobre el tema en México. Pienso ahora, por ejemplo, la tajante conclusión de que la sexualidad para algunos hombres mexicanos sustenta su identidad de género. Y, por supuesto, se describe a la sexualidad como una práctica que excluye los sentimientos, la atención por la compañera, centrada en los genitales, etc. Estos reportes coinciden con los resultados de investigaciones en otros países. En todo caso, a partir de los datos que recopilé, quise mostrar que la sexualidad no es una práctica estable en su significado ni en su configuración. Me sorprendió registrar, por ejemplo, descripciones sobre la sexualidad en el contexto del matrimonio que acentúan la proximidad con la esposa y la expresión de sentimientos. Esos discursos sobre la sexualidad en el matrimonio contrastan con las descripciones que hicieron los mismos hombres respecto al ejercicio de la sexualidad antes de contraer matrimonio. Estas descripciones hacen constar que la sexualidad no se mueve por fuerzas o deseos incontrolables, localizados en la naturaleza humana, inherentes a los hombres. Así, más que ofrecer los “hilos” con los que se teje el mundo masculino en México quise poner en primer plano la tremenda complejidad de la práctica sexual por parte de un grupo de hombres mexicanos. Guardando toda proporción, como las críticas que se han hecho al libro El laberinto de la Soledad de Octavio Paz de que no hay tal cosa como la “naturaleza del mexicano”, Tejer el mundo masculino llama la atención de que no existe “la sexualidad del mexicano”. Que si bien, y ateniéndonos a la literatura sobre el tema, el sexo no seguro es una práctica en común entre los jóvenes mexicanos, de acuerdo a mi investigación en ciertas situaciones los hombres usan el condón y la tarea parece entonces indagar el contexto en el cual los jóvenes y los no tan jóvenes se comprometen con el uso de los preservativos.


RQ: En México la actividad académica y política en torno al tema de la masculinidad se ha incrementado en los últimos 7 años, sin embargo, tengo la impresión de que hacen falta más debates y una exploración más sistemática, profunda y extensa sobre lo que la(s) masculinidad(es) significan en nuestro país, pues aún hoy es frecuente que en diferentes foros se habla de masculinidad y hombres indistintamente, como si se tratará de dos caras de la misma moneda ¿en tu libro qué posición sostienes ante esto?


R(SG): Con el riesgo de que se considere simplemente una querella o polémica entre académicos sin ninguna repercusión en otros ámbitos de la sociedad, tengo que decir que los hombres y mujeres que estamos interesados en el tema de las relaciones de género debemos no sólo explicitar la perspectiva teórica desde la cual hablamos de “nuestro objeto de estudio” sino también cómo definimos y usamos conceptos o categorías. Totalmente coincido con los autores (uno de ellos Robert Connell) que llaman la atención sobre el hecho de que el término masculinidad es una herramienta conceptual para comprender y describir el comportamiento de los hombres en relación consigo mismos y con las mujeres. Pero no encuentro razón para creer que la masculinidad sea una fuerza, un motivo o un esquema social que mueve a las personas a actuar como hombres. Quienes hablan de que hay “masculinidades” y que algunas de ellas son la base de la violencia ejercida por los hombres descartan –queriendo o no– que sean estructuras biológicas o la fisiología humana las que determinan la identidad de género y ponen en su lugar una entelequia como la “masculinidad de los hombres”. De origen social pero alojada en quién sabe dónde, ahora la “masculinidad” viene a ser el elemento que configura la acción y el pensamiento de los hombres. En mi opinión, masculinidad es un concepto, no algo que poseen los hombres. Es una herramienta analítica para definir qué clase de acción (y de actores) nos interesa comprender y describir antes que algo (“la masculinidad”) en sí mismo (¿un modelo social? ¿Un valor? ¿Un conjunto de rasgos?). Teóricamente hay muchas cosas que tenemos que discutir.


RQ: ¿Cuáles consideras que son los efectos políticos y juegos de poder que se esconden tras la utilización de este tipo de posiciones, de que hablar de hombres es hablar de masculinidad y viceversa?


R(SG): Bueno, si un hombre con regularidad abusa de sus hijos, hijas y esposa, vista esta situación desde una teoría que habla de masculinidades, entonces la conclusión es que el problema radica en la masculinidad que posee ese hipotético hombre. ¿Cómo hizo suya, ese hombre, esa masculinidad? La respuesta común es que ese hombre interiorizó un modelo en cuyo centro se encuentra la violencia como medio para relacionarse con los hombres y las mujeres. No diré más sino que una perspectiva teórica que aborde el tema de los hombres a partir de las “masculinidades” que comparten los individuos está incapacitada para ofrecer una reflexión teórica sobre las relaciones de poder, la maleabilidad de la identidad, la diversidad y contradicción de comportamientos desarrollados por un solo hombre, etc.


RQ: ¿Qué implica afirmar que la masculinidad es una práctica social?


R(SG): Como ya mencioné, la afirmación de uno mismo como hombre (o como mujer) se presenta en el desarrollo de la interacción. Ser hombre es actuar de cierta manera y no de otras. Ser hombre es concebirse, tener una concepción de sí mismo que emerge en la interacción. Esto quiere decir simplemente cualquier noción que tenga sobre qué significa ser hombre es “invención cultural”, un referente para organizar las relaciones sociales. Citando a Erving Goffman, te puedo decir que la segregación de las personas en dos categorías, hombre y mujer, en tanto resultado de las prácticas sociales, tiene en el dimorfismo sexual humano, su justificación y legitimación. En otras palabras: ser hombre son modos de actuar que con frecuencia se justifican por la biología o fisiología humana.


RQ: Por momentos me dio la impresión que en tu libro “no dejas títere con cabeza” desarrollas una crítica bastante fuerte, aunque yo considero que bien fundamentada, a autores considerados iconos en los estudios de género (ej. Marta Lamas, Juan Guillermo Figueroa), por las posiciones teóricas y metodológicas que hasta ahora han utilizado para ahondar en el tema de la masculinidad Ante tal posición ¿cuáles consideras que serían los aportes más significativos de tu libro?


R(SG): Si tengo que responder a tu pregunta debo decir que el aporte –si lo hay– es el de incentivar la reflexión teórica y metodológica sobre el tema de relaciones de género. Respecto a “no dejas títere sin cabeza”, como afirma el psicólogo Kenneth Gergen, los académicos gozan más que del diálogo de la confrontación. Nos gusta poner en evidencia a los otros(as) y poner en primer lugar nuestro trabajo. Tengo plena conciencia de lo pernicioso de semejante “ritual” (confrontarnos en el campo académico). En lo más álgido de una discusión académica, no hay diálogo sino diatriba (que puede desembocar en odios personales). Asumo la responsabilidad del tono en el que está escrito el libro. Y eso significa entre otras cosas que si es leído, puede ser duramente criticado.


RQ: Una propuesta teórica como la que haces en tu libro ¿en qué tipo de intervenciones podría traducirse en el terreno de las políticas públicas con perspectiva de género?


SG: Esta es una pregunta que me hecho con frecuencia. ¿Hay alguna sugerencia en ese libro sobre cómo intervenir en escenarios sociales o sobre cómo diseñar una política pública? No lo sé. Pienso que una intervención, por ejemplo, debe sustentarse en un referente teórico o de cualquier otra índole para rebasar el empirismo o la “experiencia forjada en la intervención de campo”. Y por ahora lo que vislumbro es que es necesario el trabajo conjunto de académicos, investigadoras y quienes desarrollan su actividad a nivel de intervención en distintos escenarios. Si de mi investigación se colige que un cambio de ideas o valores debe ir precedido de nuevas configuraciones de acción o de comportamiento (y no al revés: primero se forja la idea y después se traza una ruta de acción) esa sugerencia debe comentarse (y traducirse en “algo más”) con quienes tienen contacto con los actores involucrados en ciertos escenario sociales.


R: Quiero decirte que son autores “canónicos” sobre el tema de género y masculinidad. Tienen ya una obra consolidada. Para quienes nos interesa el tema, es, según yo, una obligación leer a esos autores. Ellos (aunque también hay autoras que han incursionado en el campo de la masculinidad) han puesto las bases para convertir a los hombres en un “tema de estudio”. Eso ya es mucho. Ahora, creo que hay una nueva generación de académicos que están diciendo cosas y en ocasiones tomando distancia de investigadores como Robert Conell. Pienso en mujeres como Margaret Wheterell, Susan Speer, o en Nigel Edley, autores menos conocidos que Kimmel y Conell, pero que han hecho ya aportaciones en el campo de las relaciones de género. Y por su puesto, esos autores que llamo “canónicos” no sólo son un referente sino siguen proveyendo ideas para investigar el mundo de los hombres.

1) Doctora en Ciencias Sociales especialista en el área de Mujer y Relaciones de Género. Profesora- investigadora del Centro de Investigaciones Regionales “Dr. Hideyo Noguchi” de la UADY.

FUENTE: http://www.poresto.net/ciudad/41589-entrevista-con-saul-gutierrez-lozano